La mañana del lunes en Obsidian se sentía cargada de una expectación eléctrica. Victoria había pasado un fin de semana blindada por la normalidad forzada de Mateo y las risas de Estefany, pero en el fondo de su mente, el eco de las palabras de Daniel —y la dureza de su beso— seguía vibrando.
Al entrar en el edificio, Victoria no pudo evitar sentirse como si caminara por un campo de minas. El silencio de Daniel respecto a su ruptura con su prometida era absoluto; no había comunicados de prensa