Eran las tres de la tarde y el ambiente en Obsidian era de una euforia contenida. Los pasillos, usualmente silenciosos y tensos, vibraban con el murmullo de los empleados planeando sus tres días de libertad. Estefany, sentada en la oficina de Victoria, no era la excepción.
—Deberíamos tomar nuestros días juntas —decía Estefany, con una chispa de travesura en los ojos—. Como jefa no puedo irme la primera, claro, pero podríamos conseguirlo. Salir a algún lado, despejarnos de este edificio.
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