El día se extinguió entre correos urgentes y la presión constante de la boda inminente, pero para Victoria, la verdadera prueba comenzó al bajar al estacionamiento. El espacio reservado de Daniel parecía un escenario bajo las luces fluorescentes. Él estaba allí, impecable y gélido, flanqueado por Julián.
—Buenas tardes, señorita —saludó Julián con una cortesía profesional antes de retirarse al asiento del conductor, dejando el aire cargado entre los dos.
—Rivera, necesito que leas estos doc