Victoria se levantó, sintiendo cómo el peso de la historia familiar se posaba sobre sus hombros como un manto de plomo. Se paró junto a su padre, observando a través del ventanal los jardines que alguna vez fueron el símbolo de un poder inquebrantable y que hoy parecían marchitos bajo la sombra de los Meléndez.
—¿Qué necesitas, padre? —preguntó con voz suave, pero cargada de una sospecha que ya le apretaba el pecho.
Gael la miró con una mezcla de orgullo y desesperación.
—Necesitamos prot