Aquella mañana la mansión parecía muchísimo más pequeña de lo habitual, como si las paredes se hubieran estrechado para asfixiar el ambiente.
O quizás era Victoria quien ya no encontraba un solo lugar cómodo ni un rincón de paz dentro de ella.
Había bajado notablemente tarde al comedor para el desayuno. Como casi todos los días últimamente, arrastrando una pesadez que no lograba sacudirse. El cansancio seguía persiguiéndola sin tregua, calándole los huesos sin importar cuántas horas seguida