La última semana del contrato comenzó en un silencio absoluto.
Un silencio extraño.
Era como si las paredes de la inmensa mansión entera estuvieran esperando el desenlace de un acontecimiento inminente que nadie en la familia se atrevía a nombrar en voz alta.
Victoria y Daniel apenas se cruzaban por los pasillos o en las estancias comunes. Y cuando el destino los obligaba a coincidir en el mismo espacio, las conversaciones entre ambos eran tan gélidas que rara vez superaban unas pocas palabr