El silencio fue tan absoluto que incluso el sonido lejano de las fuentes del jardín pareció desaparecer por completo, dejando la terraza sumergida en una quietud asfixiante.
Victoria permaneció de pie frente a él, sosteniendo la postura a pesar del dolor físico. Esperando. Porque después de una confesión de tal magnitud, de haber expuesto el alma de esa manera, tenía que haber una respuesta. Cualquiera. La que fuera. Una negación, un reproche, un reconocimiento.
Pero Daniel no habló. Se que