Una hora después, Victoria caminaba por uno de los senderos de tierra que atravesaban los vastos terrenos de la mansión. El aire fresco del bosque movía suavemente las ramas de los pinos sobre su cabeza, provocando un arrullo constante mientras avanzaba con cautela, siguiendo las indicaciones vagas que Isabel había dejado caer de forma intencionada horas atrás.
No estaba completamente segura de por qué había decidido ir. Tal vez se trataba de simple curiosidad por el pasado. Tal vez era el ab