La mansión estaba inusualmente tranquila aquella tarde, sumida en un letargo que parecía devorar el sonido de los pasillos. Con Daniel fuera de la ciudad, atendiendo asuntos en la hacienda familiar, y gran parte del personal de servicio ocupado en sus propias tareas lejos del ala principal, Victoria terminó refugiándose en uno de los pocos lugares donde siempre encontraba algo en qué distraerse.
La biblioteca.
Recorrió los imponentes estantes de madera oscura sin demasiada intención, dejand