Las risas alrededor de la mesa tardaron algunos segundos en apagarse por completo después de la inesperada admisión de Daniel. El eco de la diversión continuaba flotando en el ambiente del jardín mientras Victoria seguía sonriendo, con las mejillas aún encendidas por el momento, cuando él introdujo una de sus manos con total parsimonia dentro del abrigo oscuro.
—Por cierto —anunció Daniel, capturando de nuevo la atención de la mesa.
Con un movimiento fluido, sacó una pequeña caja rectangular