Los aplausos terminaron disipándose poco a poco por todo el jardín, perdiéndose en el aire fresco de la noche. La música ambiental, suave y refinada, volvió a ocupar el espacio que los invitados habían liberado, y las conversaciones regresaron con fluidez natural. Las risas francas reaparecieron entre las mesas iluminadas por cientos de pequeñas luces doradas suspendidas con elegancia sobre las copas de los árboles, devolviéndole a la velada su ritmo festivo.
Victoria permaneció inmóvil en su