Victoria cerró el grifo de la ducha y permaneció unos segundos completamente inmóvil, dejando que el vapor espeso que todavía flotaba en el baño la envolviera como un escudo.
Habían pasado tres días. Tres días completos de una hostilidad silenciosa que empezaba a calarle en los huesos. Tres desayunos insufribles donde Daniel apenas le había dirigido la palabra, limitándose a mirarla con esa frialdad gris que tanto le quemaba el orgullo. Tres cenas malditas observándolo conversar con Isabel co