La suite del Club Élysée permanecía sumida en una penumbra tranquila, apenas interrumpida por las luces doradas y lejanas de Valemont que se filtraban perezosamente a través de los enormes ventanales. El escenario de la ciudad parecía un lienzo abstracto de fondo, ajeno a la burbuja que se había creado entre esas cuatro paredes.
El silencio que ahora envolvía a Daniel y a Victoria ya no era el abismo incómodo de los días anteriores, ni la distancia gélida del contrato corporativo. Era un sile