Daniel soltó un pequeño suspiro, un sonido apenas perceptible que se perdió en el viento de la noche, y desvió la mirada hacia el horizonte brillante.
—Sí, recuerdo estar muy molesto ese día —confesó, con una voz desprovista de su habitual dureza executiva—. Le dije algunas cosas hirientes… quiso abrazarme, pero no se lo permití. Nos quedamos aquí en silencio y la ignoré en todo el camino de regreso. Unos días después ella murió.
Él permaneció recargado contra el automóvil, con la mirada fi