La cena continuó desarrollándose entre conversaciones elegantes, tintineos de cristalería fina y sonrisas perfectamente ensayadas para mantener las apariencias aristocráticas de los Meléndez y los Figueroa. Sin embargo, bajo esa capa de sofisticación, la tensión seguía cobrando sus propias víctimas. Isabel no volvió a apartar la mirada de Daniel ni un solo momento; sus ojos lo perseguían analíticamente por todo el comedor. Y cuando Daniel se inclinó apenas hacia Victoria para besarla suavemente