El trayecto hacia la mansión Figueroa transcurrió en un silencio tranquilo, una breve tregua antes de sumergirse en la tormenta que aguardaba. Julián conducía con precisión impecable mientras las luces de la ciudad desaparecían lentamente detrás del automóvil, reemplazadas por la oscuridad de las zonas más exclusivas de la periferia.
Victoria observó discretamente a Daniel de reojo. Él mantenía los brazos cruzados y la mirada fija en el parabrisas, aparentando una absoluta e imperturbable cal