En la mesa, ajenas a la conspiración que se fraguaba en la terraza, Estefany se inclinó hacia Victoria con una chispa de malicia en los ojos. La música retumbaba, dándoles el refugio perfecto para hablar con libertad.
—Ya dime... ¿se besaron? —preguntó Estefany en un susurro cargado de emoción.
Victoria suspiró, dejando que su mirada se perdiera en el brillo del hielo de su copa. Se mordió ligeramente el labio inferior antes de responder.
—Sí, nos besamos, pero… —Se detuvo, las palabras q