El amanecer se filtró por las cortinas con una agresividad que Daniel sintió directamente en las sienes. El dolor de cabeza era un pulso rítmico y punzante, un recordatorio físico de que la noche anterior había sido una trampa química.
Al abrir los ojos, el mundo tardó en enfocarse. Lo primero que vio fue una silueta de espaldas a él bajo las sábanas desordenadas. Los recuerdos eran fragmentos inconexos: un pasillo, un beso que sabía a desesperación y el roce de una piel que no debería haber