El aire frío de la noche fue un alivio momentáneo para Victoria al salir del club, pero la libertad le duró apenas unos pasos. La emboscada fue quirúrgica: manos toscas, un forcejeo ahogado y la oscuridad de un vehículo que arrancó quemando llantas.
El trayecto terminó en la frialdad de una habitación de hotel.
—Brenda te espera —masculló uno de los captores, su voz cargada de una malevolencia que no intentaba ocultar—. Pero primero… nos divertiremos un poco.
Victoria no desperdició oxíge