GABRIEL SILVA
—Señor, ¿me llamó? —preguntó Ramírez, mi abogado, al entrar a mi oficina.
—Mi hermosa Isabella me está ocultando algo… —dije con la mirada clavada en la ciudad que se mostraba ante mí a través del ventanal. Su apatía y su distancia hacían que, conforme el tiempo pasaba, me esperara lo peor—. Necesito que investigues qué es lo que la tiene así.
—¿A cualquier costo? —preguntó con tranquilidad.
Ramírez era la clase de abogado que a todo CEO le gustaba tener. Ávido con el manejo d