ISABELLA RODRÍGUEZ
—¿En verdad tiene que ser blanco? Digo… significa pureza y muy pura no eres, por lo menos no después de dos hijos —dijo Yolanda mientras la señorita de la tienda me ayudaba a ajustar el vestido.
Había escogido uno al azar después de que mis amigas me insistieran con varios modelos. La única que parecía tan deprimida como yo, era María.
—¡¿Es en serio?! ¿Hoy no hay risas ni regaños? —preguntó Yolanda al ver nuestra actitud tan apagada—. ¿Qué ocurre?
María me vio fijamente