Mundo ficciónIniciar sesiónISABELLA RODRÍGUEZ
Estaba furiosa, enervada, mi corazón no empujaba sangre sino odio. Intenté abrir la puerta y salir corriendo, pero la maldita no cedía. Empujé, jalé, golpeé y parecía inamovible. ―¡¿Qué carajos…?! ―Giré iracunda hacia el mayordomo que retrocedió impresionado por mi furia―. ¡Abre la estúpida puerta! ―exigí







