ISABELLA RODRÍGUEZ
Mi pequeño patito estaba profundamente dormido, abrazando una almohada sobre la cama de esa lujosa y elegante habitación de hotel. Parecía un dulce querubín y no me sentía capaz de dejarlo aquí. Aunque Daniel había contratado una niñera con buenas referencias, no quería apartarme de él, como si los malos recuerdos pudieran también dañarlo.
Dentro del auto, Daniel me entregó una sortija plateada con un diamante. Se veía hermosa y brillaba con las luces que entraban por el par