GABRIEL SILVA
—¿Crees que funcione? —preguntó Daniel viendo la enorme mansión delante.
—Los Silva podremos despedazarnos entre nosotros, pero jamás permitir que alguien se meta con algún integrante de la familia —respondí ajustándome la corbata.
—Te recuerdo que no soy un Silva muy querido. —Bufó.
—Me queda claro, pero llevas de la mano a la mujer que te abrirá las puertas.
Daniel volteó hacia María, quien lucía un encantador vestido azul que le daba una apariencia angelical. Ella era reco