Alana.
CONDICIÓN.
—Acepto… pero tengo una condición, señor… —este bendito hombre sonrió sin quitar la mano de la mía, y en ese momento pensé que estaría perdida si no lo decía ya.
De alguna forma tenía que escudarme ante sus encantos algo retorcidos, porque no había forma de que toda esa sensualidad que irradiaba su persona le saliera tan natural. Él tenía que ser consciente de sus hechos.
—Puedo imaginar que tiene muchas condiciones, y las hablaremos en este momento. Debe arrojarlas todas a