Alana.
PROPUESTA.
Noté como ese hombre que llevaba un traje militar se sentó en el sofá, mientras el príncipe caminaba de forma lenta, y con su mano, me ofrecía el asiento.
Me apresuré en seguir su indicación, sin poder evitar mirar mis tenis completamente sucios.
—Alana… —él se sentó delante de mí ofreciéndome su mano, mientras levanté la cabeza para detallar su belleza de cerca—. ¿Cómo estás?
Tomé su mano, pero en el instante en que hicieron contacto, incluso me olvidé de que Abud estaba