Farid.
SALIDA.
Oí, un silencio ensordecedor después de la ráfaga de disparos, sentí el pitido en los oídos, mientras la respiración de Alana se escuchaba demasiado agitada.
No miré hacia otra parte, y puse mi peso sobre los codos cuando llevé mis ojos a los suyos. Sus ojos se estaban cerrando lentamente y me apresuré a tomar su cabeza en mis manos, cuando todo el sonido volvió de nuevo como un golpe rudo.
—Señor… —muchos guardias me rodearon, incluso comenzaron a intentar levantarme para compro