Alana.
DESPIERTA.
Fue cuando escuché unos murmullos que los sentidos volvieron a mí de golpe, pero al instante en que traté de moverme, el dolor en mi costilla me hizo arrugar la cara.
No pude evitar gemir, y en el siguiente segundo, su olor llegó a mí como una ráfaga.
Allí estaba mi príncipe vestido de traje, con la coleta intacta y una mirada intensa hacia mí.
La locura de todo es que aquí, en esta habitación amplia, también estaba la reina, y parecía estar hablando con… Abigail.
No sé si est