Liliana
—¡No te tardes, debemos comer con la mujer pájaro —hago el gesto de tener arcadas y me voy al armario —¡vaya! Mi querida suegra se encargó de todo —rebusco entre los vestidos y encuentro uno color durazno que es una verdadera belleza —. Creo que si me pongo este vestido se morirá esa mujer…
—Póntelo —brinco, giro y lo veo en la puerta ¡en toalla! —. Combinemos el color —me hace un guiño y yo solo puedo ver las gotas de agua que bajan por su torso y se pierden en… —¡Liliana! —lo miro y m