Beatrice.-
Observé a Eleonor caminando de un lado a otro de manera frenética, nunca esperé verla con la derrota dibujada en el rostro. Ella sabía que caminaba sobre vidrios rotos al notar que había cometido el error de confesarme su pequeño desliz.
— ¡Fuiste tú maldita! ¿No es cierto? –se acercó con la mirada inyectada en rojo.
— ¿Para qué lo haría Eleonor? ¿Acaso yo no pierdo también con todo esto? Mis padres no dejan de llamar seguramente me obligarán a regresar a Canadá y quién sabe si bus