POV Selena
Al fin hemos llegado a Milán.
Sinceramente, estaba convencida de que apenas el avión tocara tierra iba a bajar y vomitar hasta el apellido.
Pero no pasó.
Y no pasó… porque no estuve sola.
Mi jefe no se movió de mi lado en todo el vuelo.
No dijo mucho.
No hizo falta.
Su mano sostuvo la mía con firmeza, como si fuera lo más natural del mundo.
Como si me conociera desde siempre y no le molestara hacerlo.
Y, de alguna manera que todavía no termino de entender, funcionó.
—Gracias por lo q