Capítulo 58 —El Eco de Sicilia
El sol de Sicilia no era un aliado; era un juez implacable que desnudaba cada grieta de la piedra caliza y hacía que el aroma a tierra seca, pólvora y azahar se volviera casi asfixiante. En la villa de los Conti, el silencio bucólico de antaño había sido erradicado. Ahora, el aire vibraba con el zumbido de una maquinaria invisible: hombres con trajes oscuros custodiaban los perímetros con una eficiencia militar, y el sonido constante de las comunicaciones de radio