Capítulo 20 —Testigo Inesperado
El silencio que siguió a la entrada estrepitosa de Lidia fue tan denso que Alessia juraría haber escuchado el mecanismo del arma de Enrico en la habitación de al lado. Lidia se quedó petrificada en el centro de la sala, con las llaves aún en la mano y la respiración entrecortada. Sus ojos castaños saltaron del desorden de los cajones volcados a la maleta abierta sobre el sofá, y finalmente se clavaron en Alessia.
—¡Alessia Rossi! —estalló Lidia, recuperando el hab