Capítulo 131 —Promesas sobre el Hielo
Unos diez minutos más tarde, cuando el convoy ya se preparaba para iniciar la marcha de regreso, la portezuela del copiloto se abrió de golpe. Dante Adler subió al vehículo.
En cuanto se sentó y se giró hacia la parte trasera, todos en la camioneta lo miraron con extrañeza. El joven, que había entrado en la mansion con la ropa prácticamente limpia de salpicaduras mayores, estaba ahora sumamente sucio de una sangre fresca y oscura. Tenía las mangas de la chaq