Capítulo 126 —La lógica del Monstruo
Enrico Conti permanecía bocarriba, con los ojos fijos en una mancha imperceptible del techo. El dolor en el abdomen y la espalda seguía siendo una presencia física lacerante, un recordatorio constante de los cinco proyectiles que habían estado a punto de borrarlo del mapa, pero la verdadera tortura no era la carne rota. Era la mente. Una mente hiperactiva que no dejaba de reproducir la misma pu*ta secuencia en bucle: el humoo, el frío del suelo y el grito aho