Una vez llegó al final del pasillo, Jenna se encontró con una puerta que llevaba al exterior.
Con las últimas fuerzas que le quedaban, contuvo el aliento y abrió la puerta con lentitud, procurando no hacer ruido, antes de cerrar, nuevamente con cautela y salió corriendo.
El aire fresco golpeó su rostro, dándole un nuevo respiro y renovando sus fuerzas para seguir corriendo por su vida, sin poder dejar de pensar en Noah y en David.
A su alrededor, la oscuridad de la noche era sumamente opresivo.