Jenna sintió el golpe seco de su cuerpo contra el pavimento y el dolor recorrió cada parte de su piel. Su grito de terror resonó en la oscuridad de la noche, haciendo eco en la mente de su mejor amiga y de David, quienes se encontraban a tan solo unos pocos metros de ella y Harvey.
Los ojos de David estaban desorbitados, llenos de una mezcla de furia y miedo, mientras que Rachel, por su parte, aterrada, abría la puerta del coche.
—¿Qué pasa que la policía no llega? —dijo, manipulando su teléfon