A la mañana siguiente, Jenna se despertó en una de las sillas de plástico de la sala de espera del hospital. Sentía todo el cuerpo entumido por haber dormido en una posición tan incómoda. La noche había sido extremadamente larga y plagada de pensamientos tortuosos. Sabía que podría haberse marchado a casa a descansar, sin embargo, sentía que, si lo hacía, estaría abandonando a su hijo y a David, aunque aquello realmente no fuera así.
Durante aquella noche, Margaret había sido un consuelo, enviá