Al ver a su hijo y a David con buen ánimo, a pesar de que aún debían permanecer un tiempo más internados, Jenna se permitió relajarse un poco, mientras distraía al pequeño Noah, en tanto David se ocupaba de sus asuntos laborales por teléfono.
Al cabo de una hora, el médico pediatra se presentó en la habitación, junto a una enfermera, en busca del pequeño para llevarlo a que le realizaran los análisis que tenía programados.
—Mamá, no quiero ir —lloriqueó Noah, aferrándose a Jenna.
Al ver esto, D