La caravana de vehículos avanzaba rápidamente por las desiertas calles, encaminándose hacia las afueras de la ciudad. Las luces de los coches apenas iluminaban el camino, pero dentro de cada uno la tensión se hacía sentir, como un peso que les oprimía el pecho. Logan y Rachel, tal y como había recomendado Victor, iban en el coche de este, quien conducía con la mirada fija en la carretera, mientras hablaba por radio con los equipos del FBI.
—Es mejor que rodeen el lugar antes de entrar. No dejen