Rachel se encontraba sentada frente a su escritorio, al otro lado de la oficina que aún compartía con Logan, revisando, como siempre, unos cuantos informes y correos electrónicos. Sin embargo, las risas bajas y constantes que provenían del escritorio de su esposo le hacían que concentrarse fuera una tarea casi imposible.
Cherry estaba allí, una vez más, y no era difícil imaginar qué era lo que pretendía. Era la vieja estrategia de todas las mujeres que querían manipular la situación, acercándos