Una vez los dos estuvieron listos, Rachel y Logan se encaminaron hacia la mansión de Esperanza James en el más completo silencio. El sonido del motor del coche parecía un arrullo en comparación a la tensión que sentían ambos. Logan mantenía una mano sobre el volante, mientras la otra descansaba con fuerza sobre su muslo, con los nudillos blancos por la presión; mientras que Rachel miraba fijamente a través de la ventanilla, sintiendo cómo la ansiedad se apoderaba cada vez más conforme avanzaban