Una vez que la boda finalizó, de manera abrupta, dado que no había nada que celebrar, Rachel se adentró en su habitación, sintiéndose profundamente angustiada y, tras quitarse el vestido y colocarse algo mucho más cómodo, se dejó caer en la silla de su tocador. Lentamente, alzó la mirada hacia el espejo y su pálido rostro, con rastros de lágrimas en sus mejillas, le devolvió la mirada, mientras Jenna, su mejor amiga, la única que podía comprenderla en ese momento, se arrodilló frente a ella, so