El ambiente del restaurante se volvió denso, como si el aire se hubiera impregnado de la tensión que emanaba de Caroline.
Jenna, entre Rachel y la mujer, con la intención de defenderla, le hizo frente y, con el ceño profundamente fruncido, preguntó:
—¿Quién demonios te crees para tratar así a mi mejor amiga? ¡Vete ya mismo y déjala en paz!
Sin embargo, Caroline no estaba dispuesta a ceder, por lo que sus ojos, furiosos, se fijaron en Jenna con una intensidad que helaba la sangre.
—¿Y tú? ¿Quién