A la mañana siguiente, Rachel despertó sintiendo que su cabeza latía por la resaca, mientras los recuerdos de la noche anterior invadían su mente como fragmentos sin un orden claro.
Mientras intentaba procesar todo lo que había pasado, una fuerte punzada de vergüenza la hizo sonrojarse, a pesar de estar a solas.
Con dificultad, se incorporó en la cama y se puso de pie, sintiendo como si su cuerpo pesara más de lo normal.
Con la mente embotada, se encaminó al baño del hotel y observó su reflejo