Tej.
En mi mente se repitió el día de la boda como un boomerang, donde una y otra vez la llamada para avisarme que ese tipo la tenía, se repitió.
Sus palabras desesperadas porque lo entendiera, quemaron. Oír como cada herida fue hecha, me hizo apretar los músculos, mientras Irene relató como la obligaba a llamarme, amenazando la vida de Julián a la vez. Escucharla decir paso a paso cómo luchó para escapar de sus manos, fue una tortura también para mí.
Los zapatos que encontramos corroboraron