Cuando Jazmín abrió los ojos, ya había amanecido. Se incorporó lentamente en el sillón, y sintió una ligera incomodidad en su espalda.
—¡Auch! —Se quejó, llevando su mano a la parte baja de su espalda.
Posiblemente, aquel dolor se debía a la mala posición en la que se había quedado dormida en el sillón.
Se levantó despacio, estiró los brazos y dejó escapar un bostezo largo. Luego se frotó los ojos con ambas manos, intentando despejarse. Se acercó a la cuna y vio que el bebé aún dormía plá