Desconcertada y herida...
La operación dio inicio. Ethan caminaba de un lado a otro en la sala de espera. La sola idea de que su hija pudiera… ¡No! se negaba a pensar en ello.
“Danna tiene que estar bien, Dios, por favor” se repetía, una y otra vez cada que un pensamiento negativo le pasaba por la mente. Estaba realmente desesperado y lleno de angustia.
Juliette, aunque fingía preocupación, no derramaba ni una sola lágrima. Esa indiferencia lo llenaba de frustración. En cambio, Mariela, la niñera de su pequeña, pare