Ethan entró en silencio a la habitación de Oliver. El pequeño, al verlo, agitó sus manitas y balbuceó con voz dulce:
—Papá.
Ethan sintió un nudo en la garganta. Las lágrimas, comenzaron a correr por sus mejillas de forma inevitable.
—Sí, campeón… —susurró abrazándolo—. Papá está aquí… y no voy a dejar que nadie nos separe.
Jazmín, conmovida, se acercó y se unió al abrazo. Aunque notaba a Ethan más distante de lo habitual, entendía los motivos. El juicio por la patria potestad de Oliver, la