La incomodidad se puede cortar con un cuchillo en este duelo de miradas entre los tres. Ya no sé qué es peor, que ninguno hable o que, mirando disimuladamente mi reloj, me haya pasado de la hora de entrada a mi turno.
—¿Te perdiste? ¿Te subimos a tu habitación? — dice rompiendo el silencio Luciano.
Pero no es que lo rompa para bien, lo rompe para mal, muy mal. A Leandro se le frunce más el ceño.
—Quién se perdió con mi enfermera, fuiste tú Luciano. Te dije que te quería lejos del personal femen